Imagina que de un pueblo de 27.000 habitantes quedaran 440. Y que, décadas después, vuelvan a ser 25.000. Eso le pasó a las ballenas jorobadas del Atlántico Sur occidental.
Un equipo liderado por Alex Zerbini, biólogo marino del Laboratorio de Mamíferos Marinos de la NOAA en Seattle, reconstruyó la historia de esta población y publicó los resultados en la revista Royal Society Open Science. Antes de la caza comercial había unas 27.000 jorobadas en esta región. A mediados del siglo XX la persecución las dejó en un mínimo de 440 individuos hacia 1958.
El número que sorprende
Hoy se estiman en unas 25.000, es decir, cerca del 93 % de su población original. Dicho de otra forma: una especie que estuvo a punto de apagarse casi llegó de vuelta a donde estaba.
Un dato de contexto para ser justos con la ciencia: este estudio es de 2019, y se refiere a una población concreta, la del Atlántico Sur occidental, no a todas las jorobadas del planeta. Cada población tiene su propia historia, pero esta es una de las más esperanzadoras que tenemos.
¿Qué lo hizo posible?
Lo que lo explica no es magia, es un acuerdo humano: se dejó de cazar y se les dio tiempo. Las ballenas hicieron el resto. Y como viven mucho y se mueven por todo el océano, su regreso es una buena noticia para todo el ecosistema que visitan.
En Colombia también tenemos jorobadas: cada año llegan a aguas del Pacífico colombiano a reproducirse. Saber que esta especie es capaz de recuperarse cuando le damos espacio cambia la manera de mirar a los mares que todavía están en la lista de pendientes.
Fuente: Science News, sobre el estudio de Zerbini et al. en Royal Society Open Science (2019).

